La plaza del museo Reina Sofía.
De vuelta a casa, tranquilo y despacio, paseando después de la lluvia sin el jaleo de la gente que habitualmente ocupa los espacios, las escaleras, los bancos de piedra y los poyetes.
Es una plaza que te invita a parar, a disfrutar de su irregularidad, de sus variados elementos arquitectónicos y de sus múltiples niveles.
Esta foto me gusta porque no hay casi nadie, me gusta porque tiene bonita luz, me gusta porque tiene los colores bastante ajustados a la realidad, me gusta porque inspira serenidad, me gusta porque cada edificio es de un color diferente, me gusta porque después de la tempestad viene la calma, me gusta porque no hay intencionalidad de nada, me gusta y nada más.










